Ira.
Hoy me he levantado con ganas de molerte a golpes. Claramente es algo imposible, no tengo tanta fuerza, pero mentalmente lo he hecho. He golpeado tu pecho con ira hasta llorar, he gritado tu nombre en medio de insultos y deseado no haberte conocido. Cuánta cobardía es necesaria para dejar ir a alguien importante solo por el hecho de no querer cambiar? Cuánto temor es necesario para quedarte en tu zona de confort y ver cómo se van sin tú hacer nada para evitarlo? Me causa gracia tu capacidad para fingir que estas bien. La vida te ha golpeado tan duro que te has blindado y te has convencido que es lo mejor que pudiste haber hecho. La has pasado tan mal que dejaste de luchar y te rendiste al dolor. El asunto con las barreras es que así como no dejan entrar, tampoco dejan salir.
Siendo honesta, en medio de toda esta ira lo que siento es dolor. Dolor por ver el conflicto interno que tienes y tu incapacidad para dejarlo salir. Te has “guardado” tanto que ni siquiera eres honesto con tus sentimientos por temor a que el mundo los pisotee y de esa misma forma te has abstenido de vivir de verdad. Por eso buscas... buscas personas, buscas entornos, buscas deseos, pero nada te sacia, porque sigues buscando en el lugar equivocado.
Hoy es mi día cuatro, y en medio de un torbellino de emociones elevo una oración al cielo, para que algún día puedas encontrar paz en tu alma, sin tenerme a mi.