Realmente no se como iniciar. Hace un rato pensé tenerlo claro, pero hay
tanto pasando en mi mente que me cuesta concentrarme, aún cuando lo único que
busco es silencio. Me siento en el limbo. Como ni aquí ni allá. Con el cielo de
un lado y el infierno del otro. Pareciera ser necesario, así que decido
sentarme en medio del caos que me rodea mientras en el fondo de mi corazón
deseo que me escuches. Con mi cabeza en las rodillas, elevo una breve oración
pidiendo desesperadamente que me ayudes. No logro ver luz al final del túnel.
El “deber ser” me grita sin cansarse y el latir de mi corazón me susurra lo
contrario; sé lo que quiero y parece escurrirse entre mis manos como agua. Es tanta la presión que por segundos se me olvida que gran parte de
lo que suceda ni siquiera depende de mí. No importa qué tanto luche, qué tanto
entregue, qué tanto anhele, se me sale de las manos. Y está bien; pero el temor
como que decidió recuperar su “amistad” conmigo. Sonriendo se me ha sentado al
lado a mirarme fijamente… Sabe que me está afectando. Lo sabe y se jacta. ¿En
cuanto a mí? Me aferro a tus promesas con la esperanza de que en cualquier
momento las veré. Me agarro a ellas como un niño a su peluche al dormir. Ese
que llevan a todas partes y que si no tienen desesperan. Sé que me ves, sé que
me escuchas… te necesito.