viernes, 11 de octubre de 2013

El Verbo hecho carne.

Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Un Sacrificio se hizo vida
Gotas de sangre que rompieron cadenas
Fue Su amor en esa cruz
Color carmesí
Manos clavadas
Corona de espinas
Dolor, sufrimiento
Pánico
Terror, miedo
Desesperación
Flagelación
Punzadas
Piedras
Insultos
Llagas
Pecado
Muerte.
Todo eso, por AMOR.
Un amor que salva, que liberta, que limpia, que restaura, que levanta, que llena, que unge, que glorifica. Un amor color rojo, un amor más grande que cualquier cosa, un amor que es la base todo y cada una de las cosas de este mundo. Es SU AMOR. Fue SU HIJO. Es SU HERENCIA. Su poder, Su autoridad, Su señorío que se hace real en nosotros, fueron sus llagas las que nos sanaron y nos dieron libertad, fue su clamor que nos libro de las llamas del infierno, fue su voz que pidió por nosotros y aun en el momento de mayor sufrimiento dijo PADRE PERDONALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN. Fueron sus lágrimas que nos llenaron, fueron sus gritos que abrieron nuestros oídos, fue su luz que abrió nuestros ojos. Fue el, en cuerpo, alma y espíritu el que se entrego por nosotros. Fue esa copa amarga que el acepto tomar con el fin de salvar a alguien que no conocía. Una deuda; un precio de Sangre. Una muerte que lo hizo Santo, el mayor acto sublime de adoración. JESUS, el verbo hecho carne.