Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré;
Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
Después de un largo camino que en parte ya les he
relatado, puedo decir plenamente que hoy estoy en Su casa. La casa de Aquel que
me amó primero, la casa de mi Padre, Su corazón. Anoche en medio de la
oscuridad su Presencia llenó mi habitación y el mundo se detuvo. Un silencio
acogedor se dio a conocer y por varios minutos mi entorno cambio y me encontré
rodeada por El. Saben, el chico que me salvó al parecer no le basto con
hacerlo, se ha tomado el trabajo de conquistarme. Vino entonces con una canción
muy particular que escuchamos juntos y abrazados nos perdimos en la melodía. Y
luego todo empezó.
No sé cómo estaba en ese lugar, pero había llegado a una
especie de reunión social en la que cada una de las personas se encontraba
inmersa en su propio mundo a pesar de que "interactuaban" con las
demás. Últimamente, me he dado cuenta de que a ese chico le gusta aparecerse en
los momentos menos esperados, y así fue. Cuando entro en el salón pude ver
nuevamente su rostro y un viento de vida sopló sobre mí. No creo haber sido la
unica en sentirlo porque todos voltearon a verlo. Su traje entero, su porte, su
aroma, era hermoso de mirar y no pude contener mi emoción al ver que se
acercaba a mí. "Oh por Dios, viene para acá. ¿Qué hago, qué hago?" Me
pregunte desesperadamente, para mi sorpresa me tome más tiempo del que pensaba haciéndome
esas preguntas tontas y cuando quise moverme del lugar donde estaba sentada ya
El se encontraba a mi lado. "¿Me concede esta pieza, Srita?" Me
preguntó y fuego ardiente corrió por mi cuerpo; No pude resistirme. Atónita me
levante y recibí su invitación mientras la habitación se llenaba de luz y
colores y me vi vestida de blanco y muy sonriente.
De repente la música ceso y todo se estremeció al entrar
de la sombra más oscura que jamás había visto. Se acerco a mí con ansias de
llenarme de miedo pero lo que ella no sabía era que la presencia de mi Padre había
creado un cerco protector. Mientras que aquella sombra intentaba tocarme solo podía
escuchar Su voz diciéndome que no dejara de bailar ni de disfrutar de aquel
momento junto a Él. Todo se encontraba en silencio y aun así en mi mente seguía
sonando esa melodía que me había cautivado y que movía mi cuerpo y mi alma a
rendirse en adoración. Mi mirada se nublo y de un momento a otro sentí que caía
en un pasto suave donde podía descansar. Aun con mis ojos ciegos sabia la
batalla que se libraba por mi y comprendí una vez más que El, por Su sangre,
nuevamente me reclamaba como su amada, como su hija y como la luz que ha hecho
brillar en las tinieblas y desperté, en sus brazos, rodeada de su amor y llena
de su gloria para hallarlo dormido junto a mí como el cuadro más hermoso que el Creador ha podido pintar, el Verbo hecho carne.