Mira
que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque
Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
Empiezo
a creer que el mundo está confabulado en mi contra, anoche fue por mucho la
noche más tormentosa de mi vida, una noche en la que una cantidad anormal de sentimientos
brotaron dentro de mí, tristeza, decepción, rabia, remordimiento y hasta
incluso odio, que terminaron manteniéndome despierta hasta altas horas de la
mañana. En aquel momento en el que mi Salvador bajó a lo más profundo y me
rescató, cuando tomó mi mano y emprendió conmigo el camino hacia la cima pensé
que podría descansar ya, consideré la idea de que mi pesadilla había terminado
pero vaya que fui ingenua. No había llegado a la mitad del camino cuando una mano
vieja, deforme pero muy fuerte agarró mi pie y emprendió su misión de
regresarme a donde estaba antes. La oscuridad fluía a través de su tacto y caí
en cuenta de que era yo quién estaba soltando la mano de mi Amado que me miraba
desesperado y me hablaba algo que mis oídos sordos no podían escuchar, cerré mis
ojos y pude ver como todo lo bueno en mí luchaba contra aquello que no provenía
de Él e impacientemente justo cuando estuve a punto de soltarlo sentí su fuego
una vez más y fui llena de su fuerza. Logré aferrarme con más seguridad a su
agarre y con una patada y un impulso me alejé de esa mano que quería mi
perdición en el momento en el que pude entender lo que Él me decía, “Ten fe
corazón, esto apenas comienza, no bajes tu bandera que tu como hija de Dios
eres una guerrera, no te rindas”; Su paz nuevamente me inundó y caí en un
profundo sueño mientras sus brazos me abrazaban y su presencia me rodeaba y
solo ahí encontré mi descanso.