miércoles, 28 de agosto de 2013

¿Cómo se detiene una caída?


Se supone que las historias llevan un orden cronológico, pero esta será la excepción.


Hola, soy yo de nuevo y les hablo desde el lugar más desesperante del mundo, el vacío. Irónicamente mientras caigo el tiempo parece haberse detenido y me encuentro preguntándome ¿Cómo se detiene una caída? Acaso debo estirar mis manos hasta tocar las paredes de lo que sea en lo que este cayendo y aferrarme a ellas sin importar si me haré daño? Son mis manos un miembro más que debe verse injuriado por los bordes filosos de este espacio? La caída parece eterna y por más que intento no encuentro de donde sostenerme. Su voz aún tiene eco en mi mente, no estoy sola, me recuerda; “eres fuerte”, me reconforta. Pero está esa otra voz que ciega mis ojos y me dice que he llegado a mi fin, esa voz áspera y llena de odio que inunda mi ser de miedo y desánimo. Y con ustedes, la batalla mental más conocida de la historia pero a la vez la más difícil de ganar. Esto no es invento ni ficción, el sonido de las espadas es muy claro y es necesario recordar que no es algo físico. Es mi espíritu luchando contra mi cuerpo, mi alma y cualquier otro ente que mi enemigo más aborrecido pueda estar usando. Guardo la esperanza de que aún en este momento Su voz,  aquella voz que me enamoró, me de las fuerzas para mirar una vez más al inicio de todo esto y ver Su luz, o al menos pueda darme de nuevo la convicción de que al final de esto, está Su mano amortiguando el golpe. Y mientras? Todo lo que soy se rinde en el acto más sincero de adoración esperando ser escuchada, levantada, restaurada y llenada de paz, al fin y al cabo, así es Su amor; incondicional y más grande de lo que alguno pueda pensar. Así que sí, sigo viva y luego de haber escrito esto, decido dejarme caer y en paz orar para que su abrazo me sostenga.