La paga del pecado es muerte, mas Él estando en condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, para traer libertad.
La obscuridad y sus demonios la rodeaban, consumiéndola en contra de su voluntad. Luchaba desesperadamente por huir de aquel lugar en el que las cadenas casi no la dejaban moverse, pero otros tenían la llave de los grilletes que la aprisionaban. “¿Qué hice, Dios?¿Qué fue lo que hice para merecer todo esto?” Irónicamente, esas preguntas no tenían respuesta, pues ya Uno había pagado por todo lo que ella alguna vez pudo haber hecho para ser condenada. Mientras miraba desde arriba pregunté a sus captores si acaso a alguno le gustaría vivir así. Parece que me malinterpretaron, vi ira e indignación en sus ojos al tiempo que palabras de autoengaño salían de sus bocas, colocando un velo espeso en sus rostros, incitando a las paredes a decirles que lo hacían por su bien. Cuando menos lo esperábamos todo tembló, su Creador había despertado y con pisadas grandes y fuertes se acercaba hacia nosotros. Comenzaron a gritar, pidiendo misericordia, rogando que por favor no la liberara, ¿acaso no ven lo que Él quiere hacer? Me quito del medio y lo dejo pasar, admirada de su belleza y majestad, ¿cómo pueden no confiar en Él, si fue quien la formó? Suspiro de impotencia, pero confío, porque a fin de cuentas, nadie puede detenerlo, y sonrío para mis adentros, a pesar de que sé que al momento de que sus cadenas sean rotas, mi alma será desgarrada y sangrará sin control, hasta que el Consolador unte su bálsamo sagrado en mis heridas, y aún así seguirá doliendo por un tiempo, después de todo, yo también fui cómplice de su captura. Su voz la llama, y para nuestra sorpresa ella voltea hacia Él. La esperanza empieza a renacer en ella, y clama por acercarse más, a esa Luz que le da calor, a esa voz que la llena de consuelo. Lo que no vemos es que Él lucha a muerte por ella con furia y determinación, porque anhela desesperadamente tenerla entre sus brazos. Justo cuando ella va a despedir su último aliento, la toma en sus brazos y con lágrimas en los ojos Él celebra, ya que por fin ella podrá regresar donde pertenece, podrá volver bajo sus alas, junto a su corazón y alcanzar la paz eterna.