Increíble darte cuenta de que tu
visión nublada había confundido las cosas.
Increíble saber que al final fue
una farsa, o que todo se complicó?
Increíble ver las ironías de la
vida, donde el que menos tiene es el que más da, y el que más habla es el que
más desprecia.
Es realmente increíble, el jamás
poder comprender la verdadera razón de las cosas, pero aún más increíble el
buscarnos un dolor innecesario para aprender, por las malas, algo que en su
momento estuvo frente a nuestros ojos.
Y de nuevo, es aquí donde el
fondo se vuelve palpable y una vez más eres quemado por las brasas. Tu piel
arde y no hay nada que hacer para detenerlo. Sangras, y guardas la esperanza de
que alguien escuche a lo lejos tus sollozos. Tus ojos se cierran lentamente, el
dolor es tan fuerte que ya no se siente, la muerte te asecha, y te toca. Te
toca y mueres con ella, y todo muere contigo. Tu pasado, tu presente y tu
futuro son sepultados por toneladas de arena que te han condenado a nunca
levantarte de nuevo. Y justo cuando te espíritu ha de desfallecer, te abraza un
ruido ensordecedor, una voz que no logras entender. Vuelves a sentir, esta vez
el dolor es más fuerte, están arrancando algo de ti, eso que tenías muy adentro,
y sientes que se va, e intentas detenerlo pues el dolor es insoportable, pero
tus manos están atadas. Y gritas, gritas con todo lo que tienes pero nadie
escucha, solo los muertos en sus tumbas que aplauden porque te has unido a
ellos. Pasan horas, pasan días, la eternidad misma pasa delante de ti, pasan
tres. Algo nuevo recorre tu cuerpo, acaso no habías muerto ya? Aquella voz
regresa, logras comprender una palabra, “mío”. A quién perteneces, es la pregunta que ronda tu mente justo cuando
todo empieza a temblar. La arena que te sepultó es removida lentamente, y las
cadenas de muerte, oxidadas por un líquido rojo que no sabes de dónde viene,
son rotas. Sonidos celestiales te rodean e intentas abrir tus ojos pero la luz
es tan fuerte que no puedes soportarlo, y lo sientes de nuevo. Sientes otra vez
el calor del Amor que acaricia tu cabello y con voz suave y tierna repite esa
palabra que te trajo de nuevo a la vida, “mío”. Pero aún no lo ves y
desesperas, mientras que un río de aguas apacibles te inunda y lo vacío es
ahora lleno, y lo herido es ahora sano, y lo muerto es ahora lleno de vida. Y
tus ojos por fin logran adaptarse a la luz, y tu velo se rompe en el momento en
el que Aquél entra a la habitación. Su aroma te envuelve en paz, y por alguna
razón sonríes sin saber aún que Él es tuyo y tú eres de Él. Aquella voz
menciona tu nombre y te dice ahora “abre
tus ojos y mírame”; obedeces y es ahí cuando comprendes, que es tu Padre
quién te ha rescatado, que fue su Hijo quien rompió tus cadenas y fue su Espíritu
quien te levantó. Y lloras de nuevo, esta vez porque has vuelto a la vida y a
los pies de Ese que te amó con amor eterno.
Increíble, que de lo
más vil y menospreciado fuiste escogido.
Increíble que te rodee con
cánticos de liberación.
Increíble que te despierte con
sólo sentir su Presencia.
Increíble que siempre falles.
Increíble que su amor nunca lo
haga.
Increíble que has sido comprado y
le perteneces.
Increíble que aún en el peor de
tus momentos te de fuerzas para glorificarlo.
Amor fue, Amor es y Amor será,
Por siempre y para siempre.